María Cecilia Izarraraz Gutiérrez

Cecilia es hija de Luis y Celia. Es veracruzana de nacimiento y moreliana por decisión pues casi toda su vida ha vivido y recibido lo que esta generosa ciudad le ha brindado. Ahí nacieron Angélica Cecilia, Mónica Patricia, María Antonieta e Ilyana, sus hijas, quienes a su vez han dado vida a nietos y nietas en un entrañable y cabalístico número 7. Ahí realizó también sus estudios y trabajo profesional. De la misma manera en esta ciudad nació la escritura.

Estando en la escuela primaria la lectura llegó por caminos sinuosos a su vida y se quedó en ella convirtiéndose en pasión, cuyo objeto bien podía ser la narrativa o la poesía o la divulgación en todas sus manifestaciones.  La poesía, en su lectura, disfrute e interpretación, le ha acompañado siempre. La lectura de la narrativa, por su parte, también está con ella, pero el inicio fue sin armonía u orientación, causando el desorden interno que al final da pauta a un concierto personal.

Sin embargo, la escritura tardó en aparecer, esporádica, suelta, como buscando un camino. Primero la poesía y después la narrativa. Como debe ser.

La línea creativa estuvo primero en la declamación. Ahí se encuentra su trabajo como declamadora, reconociendo a la interpretación de la poesía como un lugar provocador de emociones y sentimientos hacia el gusto estético y hacia la transgresión, a la vez que la reconoce como un puente para invitar y acercar a la gente a la emoción de la literatura. Es así que ha grabado discos de poemas y ha dado voz a varios documentales.

La declamación, la docencia y la palabra han formado parte central de su vida. La declamación le permitió vencer timideces y abrir espacios; la docencia, descubrir la experiencia de compartir una pasión; y la palabra la posibilidad siempre abierta y presente de hacer realidad los sueños. Realizó estudios como profesora de Educación Primaria (ENUF), Licenciaturas en Lengua y Literatura Española, así como en Psicología Educativa (Normal Superior “José María Morelos). Cuenta con una Maestría en Educación (IMCED) y estudios de Doctorado, también en Educación (Universidad Autónoma del Estado de Morelos).

Ha sido docente en los diferentes niveles educativos, desde primaria a educación superior. Ha participado y coordinado áreas administrativo-académicas de investigación y diseño curricular en diversas instituciones de educación superior tanto públicas como privadas. También ha dirigido espacios académico administrativos de la Secretaría de Educación en Michoacán: Actualmente es Directora General del Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación.

Creó Vive el Tiempo, empresa familiar cuyo objeto es el de producir audiolibros, como una invitación a reconocer alternativas que atraigan a los niños, los jóvenes y los no tan jóvenes a la lectura y al disfrute de la cultura. En los trece años de la historia de Vive el Tiempo se tiene ya la producción de más de veinte audiolibros cuyos temas recorren el camino de la poesía, el cuento y la novela, a la historia de nuestro país presentada de manera amena, sencilla e interesante, así como a tópicos de desarrollo personal. Los clásicos ocupan un lugar importante como voces cuyos mensajes siguen vigentes.

Para Cecilia la oportunidad de mostrar su escritura se da ahora, después de un largo recorrido. Y, sin más, aquí está.

Morelia, Michoacán, México.

2020

Otra vez Sabina y doce cuentos más desde la orilla

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Reseña del Libro: Preparar bocadillos, café, y tal vez una copa de licor, arreglarte para estar cómoda, en el ambiente cálido y confortable de tu casa. Asegurar que todas las actividades a las cuales estaba destinado el día cierran, y lo hacen con ese momento tan espontáneo, tan íntimo, tan sustancial, con todo lo que se tenía que haber hecho, y lo que no… serenamente pospuesto para un mañana Dios dirá. Recibir a las amigas, una a una, y conversar con ellas sus historias, sus aventuras, sus tropiezos y sus desventuras. Transformar la pesadez de la vida en una carcajada al encontrarle el lado divertido al hecho de ser mujer, de pensar como mujer, de tener la capacidad de hacer brillar algunos de los recovecos que yacen en todas las historias de todas ellas. Hablar de los pensamientos muy sentidos, guardados a veces en la profundidad, cuando no en la superficie. Escuchar y pensar, reflejar lo que ocurre a otras en la vida de una misma. Imaginar la vida de otra forma, la de ellas y la tuya. Decir. Hablar de tu fragmento de historia, a veces sólo por hablar, otras, porque sola simplemente no la puedes cargar.

Al sentarme en el café compartí con Martha, con Lucía y con Rocío, con muchas más, con todas ellas. Me contaron sobre sus vidas, pero también sobre historias de ellos. Hablamos de la infancia con olor a las mamás propias y las de otras niñas, alternando con pasiones desbordadas, incorporando a maridos, a ex amantes, a deseos de matar rutinas y desaparecer a sus protagonistas de la escena de la vida. Todo junto, disolviéndose con el suave giro de la cuchara que endulza una taza de té.

Un intercambio de historias que nunca deja de despertar empatías, al tiempo que fortalece. Al ser mujer, te encuentras invariablemente en más de una de esas historias, de esos trece cuentos desde la orilla, aunque no seas tú quien la está contando. Te distancias de otras tantas, y las disfrutas mientras las dibujas en una escena que divierte y entretiene. Las comentas. Magia: allí estás. Nunca te has desprendido en realidad.

Leer los Cuentos desde la orilla es dejar que te mojen los pies. Y así, uno a uno, los consumes, los piensas y los agradeces, toda vez que, tras el último sorbo de té de esa tarde, sabes que encontrarás en la despedida un impulso para volcarte, una vez más, en tu propio mar.

María Antonieta Jiménez Izarraraz